Para que siempre veas el elefante dentro de la boa


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Cuando yo tenía nueve años vi un libro en una de las estanterías de mi casa con una portada que cautivó mi atención. En ella salía un niño de cabellos dorados en un pequeño planeta, un poco más grande que una casa, con flores, volcanes y árboles. Al abrirlo vi que además de letras tenía dibujos, así que empecé a leerlo. En esa época yo tenía mucho tiempo para leer, también lo tenía para jugar, incluso para “perderlo”. La prisa aún no formaba parte de mi vida, y cuando uno se viste despacio puede disfrutar de las cosas.

No os voy a engañar diciéndoos que llegué al trasfondo filosófico de Saint-Exupéry en ese momento; en nuestra primera cita, El Principito y yo sólo jugamos.

Algunos años después, este libro volvió a caer en mis manos, en mis ojos y en mi cerebro, pero ya de otra manera. En aquel entonces, yo seguía viendo el elefante dentro de la boa, así que aún no estaba todo perdido. A lo largo de mi viaje con este niño, me di cuenta de que no quería volverme “gente seria” como los habitantes de los asteroides que íbamos visitando.

Hace unos meses, todo seguía sin estar perdido, tanto que encontré dos cosas: a muchos, muchos, muchísimos habitantes de distintos asteroides que compartían con este niño la manera de ver el mundo, y conmigo, y contigo, por supuesto; y la forma de contar el nuevo viaje que íbamos a emprender para conocerlos a todos. Nuevo porque será diferente y porque ahora contamos con más viajeros, contigo, por supuesto.

Sombrero

Todos hemos tenido que elegir el nombre de algo o de alguien alguna vez en nuestra vida, el nombre de nuestro perro, el de nuestro hijo o el de nuestro pez, y sabemos que no es tarea fácil. Pues bien, cuando me tocó a mí elegir el de este proyecto, muchísimos nombres pasaron por mi cabeza, hasta que un día, como si mi inconsciente hubiera estado guardando este mensaje a posta para liberarlo justo en el momento más oportuno, la imagen de este príncipe, de cabellos dorados, volvió a mi mente y tras un reflejo “eurekoso” supe que este niño y yo íbamos a seguir jugando durante mucho, mucho, mucho tiempo.

Para nosotros que sabemos comprender la vida y nos burlamos tranquilamente de los números nos resulta muy fácil entender que llegar al número 37 fue una misión muchísimo más fácil y, por lo tanto, más aburrida y menos bonita. Del número 37 podría deciros que es el décimo segundo número primo, después del treinta y uno y antes del cuarenta y uno. También, podría contaros que es el quinto número primo de la suerte y el primer número primo irregular. Además, podría añadir que el 37 es el número atómico del rubidio y la signatura de los libros de educación en las bibliotecas. Al final, volvemos a los libros, como aquél que un día encontré en una estantería cuando tenía nueve años…

Author: Candela Gorostiza VIEW ALL AUTHORS POSTS

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